Z o Mañana de julio

Despierta. Abre los ojos y vuelve a cerrarlos. Deja escapar un profundo suspiro. Cambia de postura entre las sábanas. Se rinde al sueño un par de horas más. Despierta de nuevo. Remolonea durante unos minutos, indeciso, antes de levantarse. Arrastra los pies hasta la cocina. Se sirve un café frío. Se sienta a la mesa. Repasa, desganado, los nuevos mensajes de su smartphone. Enciende la radio. La escucha sin prestar atención. Dibuja, con un dedo aburrido, círculos imaginarios sobre el mantel. Apura el café. Hace callar a la radio antes de salir de la cocina en busca del sofá. Enciende la televisión. La mirar sin verla. La apaga. Coge de la mesita un libro a medio leer. Procesa apenas un par de líneas antes de sentir los ojos pesados. Cierra el libro. Se acomoda en el sofá. Deja vagar la mente. Cae rendido al sopor.

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Z _ _ _ _ _ _ _ _ (verbo intransitivo)

S o A punto de

Una luz roja se encendió en el supremo panel de control. El Becario observó la inmensa maqueta divina que reproducía la bola del mundo en busca de la nueva emergencia, la tercera en diez minutos. Primero, un dominguero a punto de provocar un incendio por su poca maña con la barbacoa. Después, un autocar de jubilados a punto de averiarse en el tramo más desolado de una carretera local. Ahora, dos guiris a punto de mutar de gambas frescas a pescaíto frito al quedarse dormidos bajo el sol. No estaba mal para su primer día de trabajo; y se suponía que en verano nunca pasaba nada. El Becario debía actuar cuanto antes para evitar alguna de aquellas tragedias, pero no conocía el orden de prioridades. Y el Divino Jefe, de vacaciones donde Cristo perdió el gorro. Si al menos le hubiera dejado el todopoderoso manual de instrucciones… Resignado, cerró los ojos y movió el dedo en círculos etéreos. Elegiría una emergencia a ciegas y salvaría a quien le tocase. Que fuese lo que Dios quisiera.

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_ _ _ _ _ S (sustantivo femenino)

La palabra entre líneas es…

G o Un recuerdo inolvidable

La señora García llevaba meses ahorrando para la ocasión. Quería regalar a su hija el mejor día de boda que pudiera imaginar. Así que aquel sábado de julio madrugó y se escapó hasta la tienda para recoger lo que había encargado con tanta ilusión: un día radiante, alegre, impecable. Esperaba que los novios, la familia y los doscientos invitados recordaran durante años aquella jornada maravillosa. Todo iba saliendo según lo previsto; la ceremonia, la sesión de fotos y el aperitivo al aire libre fueron perfectos. A media tarde, sin embargo, aparecieron aquellas horribles nubes negras y se levantó una molesta ventolera que despeinó a las damas de honor. El ambiente se tensó. Tras varias discusiones entre invitados y una retahíla de cánticos indecorosos, empezó a diluviar. Empapada, despeinada y terriblemente enfadada, la señora García volvió a la tienda con aquel día defectuoso bajo el brazo. Aún no había consumido las 24 horas deliciosas prometidas, por lo que no pensaba moverse de allí hasta que le cambiaran el día por otro de mejor calidad.

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G _ _ _ _ _ _ _ (sustantivo femenino)

¿Adivinas la palabra oculta?

W o Día de playa

Apura sin prisas las últimas gotas de su cóctel sin alcohol. Deja la copa vacía sobre la arena. Se recuesta en la hamaca, perezosa. Estira el cuerpo para que el sol le acaricie la piel. Observa a los bañistas adentrándose en el agua. Se divierte viendo los juegos de los niños en la orilla. Mira al horizonte. Divisa varios jinetes cabalgando las olas en sus tablas con vela. Elige un jinete al azar. Sigue con la mirada su recorrido mar adentro. Estudia sus movimientos hipnóticos. Se adormece. Pierde la noción del tiempo. Despierta desorientada. Vuelve a mirar al horizonte. Distingue, muy lejos, una vela diminuta.

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W _ _ _ _ _ _ _ _ _ _ _ (sustantivo)

¿Sabes cuál es la palabra?

S o Un invierno tardío

La abuela tejía su bufanda junto a la chimenea. Noviembre llegaba a su fin, pero la chimenea no estaba encendida. Nadie se había molestado en hacerlo desde hacía más de veinte años. ¿Quién necesitaba combatir el frío si el calor se negaba a marcharse? El verano infinito había asaltado el calendario por sorpresa, pero había logrado camelarse a todos con sus días de playa perpetuos, sus lluvias refrescantes y sus brisas nocturnas. Su tenacidad había convencido incluso a los más nostálgicos, que un lunes de marzo dejaron de añorar el invierno. Pero la abuela no se dejaba vencer. Noviembre tras noviembre recuperaba su bufanda, tan infinita como el verano, y seguía tejiendo con la esperanza de estrenarla pronto.

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S _ _ _ _ _ _ (adverbio tiempo)

La palabra entre líneas es…