L o La amiga sonámbula

La sonámbula se mueve sin hacer ruido. Aun así, su compañera de habitación se ha despertado. Como cada noche. No se acostumbra a verla andar dormida, por lo que su sueño se ha vuelto ligero. Al principio, cuando la sorprendía ante la puerta intentando abandonar la habitación, se levantaba para acompañarla de vuelta a la cama. Entonces la sonámbula seguía durmiendo plácidamente, pero su compañera pasaba el resto de la noche en vela. Cansada de cargar con ojeras de insomnio, cambió de estrategia. Ahora cierra la puerta con llave y deja que su amiga deambule cuanto quiera por la habitación. Que se asome a la ventana abierta, si le apetece; no piensa impedírselo. De hecho, cree que la brisa nocturna puede sentarle bien: últimamente la sonámbula parece cansada, está más pálida y tiene una herida en el cuello que no acaba de curarse. Mientras ese murciélago que revolotea ante la ventana no amenace con atacar a su amiga, la compañera no piensa levantarse a ayudarla. Ya volverá ella a la cama por su propio pie.

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Este personaje aparece en una novela del siglo XIX de autor irlandés.

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C o Favor entre amigos

Aguardo el momento de entrar en su despacho. Como los nervios no me permiten esperar sentado, recorro el pasillo una y otra vez. Mis dedos impacientes juegan con el sobre que voy a entregarle en cuanto le vea, mi humilde regalo para los recién casados. Planeo mentalmente cómo voy a exponerle los hechos y pedirle ayuda en un asunto tan delicado. En realidad, no me preocupa que pueda rechazarme: sé que no me negará un favor en la boda de su hija. Me escuchará con gesto comprensivo, pondrá su mano sobre mi hombro y me asegurará que va a solucionarlo. Al fin y al cabo, eso hacen los buenos amigos. Yo respiraré tranquilo, sabiendo que mi problema se desvanecerá pronto. Pero también seré consciente de que, algún día, él me pedirá algo a cambio. Y entonces tendré que concedérselo, o será implacable conmigo.

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Este personaje aparece en una novela del siglo XX de autor estadounidense.

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M o Tiempo de despedidas

Una voz impersonal pronunció un nombre por megafonía. Y aunque sabían que aquello ocurriría en un momento u otro, todos se sobresaltaron. El elegido, un joven de cara pálida, fue el último en reaccionar. Aferró con fuerza la mano de la chica sentada a su lado. Ella lloraba, y el joven comprendió que no podía ocultar la pena de verle partir. No hacía tanto que todos ellos eran meros desconocidos, pero compartir aquel intenso tiempo les había unido de manera inexplicable. El joven observó al resto de compañeros: una mujer de ojos enrojecidos, un hombre falto de aliento, una anciana de aspecto cansado. Todos le miraban con cierta mezcla de envidia y tristeza. Se despidió de ellos con el mismo cariño con el que lo haría de su familia. Después abrazó a la chica, emocionado. “Nunca olvidaré este tiempo juntos”, le susurró, mientras la voz de megafonía repetía su nombre con impaciencia. La chica, que aún lloraba, no pudo contestar. El joven pensó entonces en los que acusaban de exagerar sus sentimientos a quienes vivían experiencias como aquella. Qué sabrán ellos, se dijo, mientras abandonaba la sala de espera de urgencias y entraba en la consulta.

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M _ _ _ _ _ _ _ _ _ (verbo transitivo)

¿Adivinas qué palabra ha inspirado este cuento?

L o A su servicio

Estoy a su servicio día y noche. Cuando llega a casa, le recibo con alegría. Si le veo decaído, le muestro mi apoyo. Cuando se sienta a ver la televisión, me tumbo a su lado para hacerle compañía. Le sigo en sus paseos por el parque. Juego con él a pelota. Si la lanza lejos, no me lo cuestiono: voy corriendo a recogerla y la traigo de vuelta, aun sabiendo que no tardará en lanzarla de nuevo. Duermo a los pies de su cama, con un ojo siempre abierto. Si detecto algún peligro, le alerto con insistencia. Soy, sin duda, su mejor amigo. No entiendo por qué las caricias se las sigue llevando ese odioso perro. Pero no pienso rendirme: algún día dejará de verme como un simple robot mayordomo.

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L _ _ _ _ _ _ (sustantivo femenino)

Descubre la palabra entre líneas.

B o Algo de comer

Solía pararme ante él a diario para darle algo de comer. Nunca le llevaba grandes raciones; lo suficiente para calmar su apetito durante un rato y arrancarle una sonrisa agradecida. Ahora, cuando paso junto a él, bajo la vista para evitar su mirada. Ignoro sus gruñidos quejumbrosos intentando llamar mi atención. Ni siquiera dejo que me afecten los rugidos de su estómago hambriento. Ya no tengo nada que ofrecerle. Debí habérselo explicado hace semanas, pero no me atreví: pensé que acabaría entendiendo y aceptando la nueva situación. Hoy he tenido que acercarme a él. Ha movido alegremente su rabo rizado para recibirme; en sus ojos de porcelana he visto una chispa de esperanza. A ver cómo le explico ahora que hoy tampoco voy a darle nada. Cómo le digo a mi cerdito que necesito llevarme las pocas monedas que guarda en su interior.

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B _ _ _ _ _ _ _ _ _ (sustantivo femenino)

Adivina la palabra oculta en el texto.