M o Cuestión de números

El matemático sigue un horario estricto de lunes a viernes. Cada mañana, tres cuartos de lo mismo: su despertador suena a la 7:18, aunque él lo reprograma para que le deje dormir, exactamente, doce minutos más. Para desayunar, prepara dos tostadas con mermelada de ciruela que, mojadas en un café con media cucharada de azúcar, le saben de mil amores. Mientras se afeita un bigote que sigue en sus trece de crecer sin permiso y con nocturnidad, escucha las noticias en su programa radiofónico favorito. Cuando el opinador de turno empieza a cantar las cuarenta a un compañero de tertulia al que tanto le dan ocho que ochenta, el matemático cuenta hasta diez y, sin piedad, apaga el transistor. A las 8:50 se mira en el espejo del recibidor para comprobar que su corbata esté perfectamente alisada. Tras darse el visto bueno, sale a la calle más chulo que un ocho.

*

M _ _ _ _ _ _ _ (adjetivo masculino)

¿Cuál es la palabra que inspira el cuento? Tenéis hasta el jueves para descubrirlo.

5 pensamientos en “M o Cuestión de números

  1. Nunca creí en los Reyes Magos, siempre he sido muy perspicaz. Mis padres, atribulados, desistieron pronto de querer convencerme de semejante falsedad y acordamos simplemente respetar las formas externas que los ambientes infantiles imponían. Me sentía mayor y feliz al contribuir a que mis amiguitos de la guardería siguiesen en la inopia. No es de extrañar entonces que, cuando el otro día compré un termómetro en la farmacia, quisiera verificar su correcto calibrado. Por suerte y por supuesto, también soy metódico, faltaría más. Nada más llegar a casa tomé un vaso, unos cuantos cubitos y me fui al lugar de experimentación escogido. Llené el vaso de cubitos y esperé a que comenzase la licuación. Cuando había descongelado más o menos la mitad introduje el termómetro: -1 ºC. ¡Imposible!, el agua congela (y, por supuesto, descongela) a 0 ºC. Evidentemente había tomado la precaución de tomar agua destilada y el experimento lo hice tumbado en la playa de la Barceloneta. Tras sacudirme la arena regresé airado a la farmacia:

    —Hola, me han vendido un termómetro que no está bien calibrado. Marca un grado negativo en la congelación del agua.
    —Señor, eso es imposible. Todo el mundo sabe que el agua congela a 0 ºC.
    —Cierto, eso mismo pensé yo, por eso mi termómetro está mal o… quizás sea peor de lo que creía.
    —¿Qué quiere usted decir?
    —Usted ha dicho que el agua congela a 0 ºC, pero los termómetros se calibran precisamente tomando como referencia que el agua congela a 0 ºC. Es decir, los 0 ºC de la congelación del agua son los que marca un termómetro calibrado a partir de la congelación del agua a 0 ºC. ¡Dios mío!, quizás ha cambiado la realidad, quizás ha variado esa constante universal que es la temperatura de congelación del agua, valor que rige nuestras vidas y es la base de toda la tecnología existente. ¿Se imagina qué sucedería si hubiese que ajustar todos los termómetros a un grado menos?, de entrada las lecturas serían de un grado más, ¡todo el mundo tendría fiebre!, ¡se colapsarían los hospitales!
    —¿Quiere aspirinas?
    —Sí, dos cajas.

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