L o La fe ciega

Si aquella tarde lluviosa hubiera llevado puestas las gafas, se habría dado cuenta de que el hombre que llamaba su atención desde el otro lado de la calle no era su marido. Que ni siquiera la estaba saludando a ella. Pero su acusada miopía le impedía distinguir con claridad esos detalles a aquella distancia y un voluminoso cargamento de paquetes, que atesoraba como un trofeo después de una sesión intensiva de compras, le impedía liberar alguna mano para entretenerse a buscar las gafas dentro de su bolso, calzárselas y salir de dudas. Con el abrigo empapado por la lluvia y los brazos doloridos por el peso de los paquetes, decidió ceder a su impaciencia y creer ciegamente en su intuición. Se lanzó a la calzada con pasos cortos e inseguros, desafiando al suelo resbaladizo sobre sus zapatos de tacón. Todavía no estaba bastante cerca como para observar que el hombre, que ahora sí llamaba su atención moviendo los brazos enérgicamente, no la apremiaba a cruzar cuanto antes, sino todo lo contrario. A medio paso de peatones empezó a verlo claro. Cuando por fin comprendió por qué el desconocido al que había confundido con su marido la miraba con expresión espantada, el coche ya la había embestido, haciendo volar por los aires sus preciados paquetes.

*

L _ _ _ _ (adverbio)

5 pensamientos en “L o La fe ciega

  1. Mira con ternura el remolino de la coronilla de su hijo y piensa en el teorema matemático que dice que es imposible peinar una bola peluda, como leyó en ese libro de Feynmann, donde explicaba también aquel otro que decía que una esfera se podía partir en un número de trozos finito y volver a reconstruirla con el doble de tamaño sin que quedaran huecos. Una cosa es una correspondencia entre infinitos pero ¡con trozos finitos! Las matemáticas son un mundo aparte, empezando por su misma existencia ¿son una construcción de la mente o tienen otro tipo de consistencia? No podía dejar de pensar que tenían el mismo estatus que las propiedades emergentes del universo, donde la información pese a ser intangible era más importante que la materia porque ¿Qué era la conciencia sino un determinado tipo de organización? Una propiedad emergente más, una ilusión que podía desvanecerse en un instante si…
    – Cariño ¡Cariño! ¿Dónde estás?
    – Lejos. Muy lejos. Gracias por trarme de vuelta.

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