J o Pedir un deseo

Aquella noche, el niño cayó rendido a la tercera página. Al abuelo le hubiera gustado seguir leyendo para descubrir cómo terminaba el capítulo, pero hacerlo sin su compañero de lecturas hubiera sido una traición en toda regla. Así que dejó el libro sobre la mesita, besó a su nieto en la frente y apagó la luz. A oscuras, el anciano se acercó a la ventana para observar las estrellas. “La segunda a la derecha”, recordó. “Después, recto hasta el amanecer”. Cerró los ojos e intentó imaginárselo. Él volando hasta aquel país fantástico donde la edad no importaba. Él viviendo aventuras junto a hadas, sirenas y niños perdidos. Él volviendo a ser un crío, sin más preocupación que enfrentarse a un grupo de piratas. Él sin temer el paso del tiempo nunca, nunca más.

*

J _ _ _ _ (adverbio tiempo)

¿Qué palabra esconde este microrrelato?

10 pensamientos en “J o Pedir un deseo

  1. Jamás? :-)

    (¿Te ha inspirado este cuento el encuentro entre Júpiter y Venus estos días? En Barcelona, más espectacular todavía, pues no se veía ninguna otra estrella…)

    • ¡Sí, la palabra es jamás! :-)
      Y no, no me había inspirado en Júpiter y Venus. Estooo, ni me había enterado del encuentro… ¡Tendré que mirar más al cielo!
      Pero sí que me he inspirado en un libro que seguro que conoces, sfer… ;-)

  2. Sí, de esa inspiración ya me había dado cuenta. En Barcelona es un peligro ir mirando al cielo en lugar de al suelo, pero a veces vale la pena :-)

    • ¡Gracias, Montse! ¿Qué te parece escribir tú un microrrelato inspirado en esa misma palabra? ¿Te animas? Venga, que tengo ganas de leer uno de tus cuentos, ¡ya sabes que me encantan! :-)

  3. Me susurraba al oído:

    -No te dejaré nunca.
    -No digas nunca, di…jamás, es más bello.
    -No te dejaré jamás.
    -Nunca digas jamás, no serás capaz de saber si tu promesa se cumplirá.

    Él callaba y acariciaba sus cabellos, su cálido aliento envolvía el cuerpo de ella.

    -Jamás te prometería algo que no pudiera cumplir.

    Y ella se fue. Y nunca supo si él hubiese cumplido el deseo de aquellas palabras pronunciadas. Y él se quedó, con la certeza de que el abandono de ella jamás le permitiría cumplir su promesa. Y feliz, porque él no había mentido:
    -Yo no te dejaré…jamás. Tú sí.

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